En el nombre de la rosa

Corren malos tiempos en nuestro país. Carente de democracia, bajo la sombra alargada de la manipulación, con los sargentos obedeciendo órdenes del stablishment con tal de que todo siga igual en España. Y en ese contexto ya no importa implosionar un partido desde dentro, como el PSOE, con tal de facilitar el gobierno del PP. Hasta ahora los pasos que se daban estaban camuflados de constitucionalismo con tal de evitar la entrada de los partidos más críticos en un Gobierno. Primero con el auge de Ciudadanos, actor secundario dispuesto a conseguir el óscar facilitando gobiernos a izquierda y derecha sin moverse del centro del tablero; y con ello, canalizar el descontento de un pueblo que se había echado en manos de confluencias porque el resto de fuerzas no han dado soluciones a sus problemas, pero sí han sabido alargar la mano con la corrupción.ferraz

Por otro lado, en forma de segundas elecciones, con una campaña basada en Venezuela, escribiendo un discurso de miedo a los “anti-sistema” mientras pasaban notas riéndose de los que pasaban hambre y pudriendo las administraciones públicas.

El golpe de estado en el PSOE no deja de ser un golpe de estado a nuestra sociedad. Si el Partido socialista no quiere darle el gobierno al PP, se le destruye. Y quien da la orden a sus soldados no es ni más ni menos que Felipe González, adalid para facilitar el gobierno de la derecha y consejero de Gas Natural, ahí lo dejo.

En el nombre de la rosa, nadie del PSOE quiere unas terceras elecciones: Pedro Sánchez quiere evitar el ascenso de los populares con un pacto junto a Podemos y Ciudadanos. Dejar gobernar al PP sería como dejar en manos de Podemos la oposición en el Congreso y la iniciativa de la izquierda. Pero eso le ha importado poco a sus críticos, capaces de partir en dos el partido con tal de facilitar un ejecutivo con Rajoy al frente, el Rajoy de los mensajes a Bárcenas, del partido del borrado de los discos duros, de los sobres, cajas b, rescate a los bancos, beneficios a las electricas, desahucios, retiros privilegiados a ex ministros, monaguillos de los poderes fácticos…

Seguimos en la España que sigue dando un golpe en la mesa en lugar de darlo en las urnas

Frases cobardes

Vivimos tiempos cobardes. Hoy la valentía se camufla entre el paso adelante y el paso atrás. Tiempos en los que es fácil venirse a arriba frente a un micro y luego bajarse de rodillas del atril cuando te llueven las hostias por lo que has dicho. Ahí tenemos al arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares con sus declaraciones xenófobas (Y supongo que muy cristianas, dada su condición). Pero claro, una vez el chaparrón te cala hasta la rabadilla hay que salir al trote a pedir perdón, o a retractarse, qué más da… aunque más patético habría sido decir aquello de “me han interpretado mal”, echando la culpa al receptor como si fuera analfabeto.canizares2

Pero, señor Cañizares, por mucha vergüenza que ahora le den sus palabras (cosa que dudo) el mal ya está hecho. Porque en esta sociedad vivimos de pasadas de frenada, y cuando alguien tiene la lengua tan larga es porque otros son capaces de lamérsela. Vamos, que cuando Cañizares dijo lo de “trigo limpio” hay quien le dio la razón. Pero señores, el cobarde ahora se retracta y el fiel seguidor de su palabra tiene que vivir con la penitencia de haberle dado coba.

Pero la tristeza que me provoca Cañizares se me pasa esta noche tras un gintónic. La que me provoca quien se traga las palabras de un político, un cura o un futbolistas, sin haberlas reflexionado, me escuecen como una rozadura. Son tiempos de pastores y borreguitos, donde el director de orquesta levanta una mano en la televisión para que el resto de su banda obedezca sin sentido. Hay hormigas con más autonomía que muchos ciudadanos que siguen a pies juntillas los dictámenes, porque no hay nada más peligroso a que la política se convierta en un partido de fútbol donde da igual lo que suceda en el terreno de juego que “yo siempre defenderé a muerte a mi equipo”.

El peligro de las declaraciones que salen por televisión es eso, que son sólo declaraciones. Que muchas veces ni siquiera el que las dice las cree, pero provoca el mismo efecto que la abeja reina en el resto del panal. Dicho de otro modo, los partidarios de ese individuo se la tragan doblada. Y eso que luego el piltrafilla en cuestión actúa de forma contraria a lo que dice. Da igual, con otra declaración lo arregla, y así sucesivamente…hasta tomar por tonto a su fan, feligrés o electorado…

De ahí el peligro de lo que dijo Cañizares. Por mucho que se retracte…¿ahora qué hacemos con la gente que le dio la razón? De ahí el peligro de lo que ha dicho hoy Rajoy: “es inaceptable amenazar a un tribunal”. Como si una marcha o una concentración frente a esas puertas fuera un láser de francotirador. Como si nunca hubieran existido las concentraciones de gente a las puertas de juzgados para amenazar a un detenido. Como si la detención de Rato a bombo y platillo no fuera un mensaje velado para la justicia. Como si las presiones al juez Pablo Ruz en el caso Bárcenas fueran Ciencia Ficción. Esto último sí que es intimidar a un tribunal, no sólo buscando las formas de evitar las imputaciones sino apartándolo del caso una vez el Gobierno tuvo la oportunidad.

Pero volvamos a esa declaración, que es eso, una declaración. Aunque de primeras uno la considere verdadera o falsa su fuerza real reside en la capacidad de enfrentar ciudadanos. El “problema” de Cataluña y resto de España es una cuestión de rédito electoral, ni más ni menos. Más lo usa como mortaja tras la que envolverse para seguir de pie y no convertirse en un cadáver político; y Rajoy como escudo tras el cual nos deberíamos cobijar el resto de españoles. Es decir, aquí cada uno quiere sacar tajada, y si es con declaraciones que enfrenten a ciudadanos con otros, mucho mejor, porque en esa pelea de patio de colegio algunos quieren seguir siendo los jefes del cotarro. Y a estos dos les interesa la gresca.

Declaraciones cobardes, tras las que esconderse. En cambio otras, que son más valientes, parecen golpear mucho menos el sonajero de nuestra atención. Valiente ha sido Arantza Quiroga tras la desautorización de su partido, el PP. Al menos no se ha escondido en el “no lo hemos explicado bien” (lo que todo Gobierno usa para eludir responsabilidades y decir que los ciudadanos somos tontos por no entender). Quiroga se va porque a su partido le interesa que el tema ETA siga siendo piedra arrojadiza, mientras ella entendía que era momento para acercar posturas.

Valiente ha sido Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del PP, que además ha tenido que aguantar que la increparan sus compañeros en el Congreso por decir lo que muchos piensan haciéndose el tonto. Este es el artículo. Juzga tu mismo. Pero mejor piensa si es mejor ser cobarde con hostias o valiente, con hostias también pero sin que te agachen la cabeza. Y piensa si hay que creerse todo lo que se oye…

¿De qué sirven las fronteras?

Leo con recelo todo lo que ocurre alrededor de los refugiados sirios y me pregunto a dónde hemos llegado. Si esta es la clase de Europa que creímos y si muestro nivel de humanidad huele como las plantillas de nuestros zapatos. Luego me pongo a ver pero las lágrimas emborronan la cara de un padre quepadre-aylan-kurdi-2 acaba de enterrar a su familia, muertos en el mar, ahogados en la orilla, asfixiados por una guerra que les ha dejado sin esperanza.

Para los que no lo sepáis. Siria se desangra por una guerra cruel, donde los derechos humanos ardieron con las bombas, el que tiene suerte respira con mascarilla por culpa de la guerra química, se viola la dignidad y no quedan más que escombros, como en Alepo (una de las principales ciudades). Una guerra que se inició fruto de la esperanza de la Primavera árabe que aquí todos aplaudimos, pero que ha derivado en un conflicto internacional entre el gobierno dictatorial, los rebeldes y el Estado Islámico.

Allí nadie sale por capricho. De allí se sale para sobrevivir. Con el miedo serigrafiado en la camiseta y con el corazón despedazado en el camino que se aleja de su hogar. Por eso me dan arcadas declaraciones como las de Viktor Orban,hungarian-prime-minister-viktor-orban-reuters que les anima a no venir, a quedarse en Turquía, a no llenar las plazas de nuestros pueblos porque piensa que quizá se van a llevar un pedazo de nuestro confort. Qué corta es la memoria cuando hace 70 años miles de húngaros huían de su país por una revolución anti comunista. Pero qué grande es la hemeroteca para recordar. La misma que muestra fotos del exilio de miles de españoles en la Guerra Civil.

Orban habla del éxodo como si fuera un problema de Alemania, cuando lo es de toda la humanidad. Pero es fácil hablar desde el púlpito cuando en casa te espera la televisión de plasma. Hecho que demuestra el grado de insensatez y lo fuerte que se ha hecho nuestro chubasquero con el drama ajeno.

Las arcadas que me provoca Orban me las empuja nuestro gobierno, que en cuatro días ha pasado del “no podemos albergar a más personas” a “no negar asilo a nadie”. Siempre a contra corriente, este ejecutivo no es capaz de pensar por sí mismo hasta que no les sacan los colores esos ayuntamientos ‘radicales y populistas’ que han abierto las cerraduras para solidarizarse con la tragedia. Estoy harto de comprobar el poco talante democrático de un partido que sólo reacciona cuando hay avisos en forma de votos. Porque en 5 días nadie del PP ha encontrado una sola propuesta a los refugiados, nadie ha hablado del corredor humanitario, ningún alcalde o prinmigrantesesidente autonómico ha preparado camas para esas personas que necesitan respirar vida.

Y con ello, miles de ciudadanos celosos de que lleguen más personas que les puedan ‘arrebatar’ algo de lo mucho que tienen, cuando los que llegan no tienen nada. Y en esa batalla de necesidades, el que no tiene nada que perder siempre llega más lejos. ¿O es que acaso nadie se acuerda de que medio millón de españoles ha tenido que exiliarse a la carrera por la crisis? ¿Qué diferencia humanitaria hay entre emigrar a cuenta gotas y hacerlo en tropel? Señores, aquí cada cual se busca la vida cuando sólo tiene arena para echarse a la boca.

Por eso, llega un momento en el que uno se plantea para qué sirven las fronteras. Si somos atomos ocuando un pequeño grano de arena en el universo. De un planeta que nos refugia porque fuera de él no hay nada. Por tanto, ¿con qué derecho le podemos negar un pedazo de tierra a quien ha nacido en otra parte del mundo? Dicho de otro modo ¿Quién es culpable de haber nacido en el sitio equivocado? Hace miles de años, el hombre fue ocupando el planeta con la única barrera de ríos y mares, y hoy en día los pájaros pueden cambiar de lugar pero nosotros no. Ojalá llegue el día en que podamos elegir en qué país queremos vivir porque se acondiciona a nuestras necesidades o modo de vida, y no tengamos la obligación de lidiar con gobiernos corruptos, coercitivos y anti democráticos. Porque eliminando las fronteras, países del tercer mundo podrían ser más prósperos. Nadie querría vivir bajo la explotación o el miedo. Se acabaría con la sangría de los recursos naturales que beben los estados más desarrollados y tal vez la guerra tendría menos sentido.

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Pero este mundo de facciones, intereses económicos y estrategias geopolíticas de sala de reuniones es el que conduce a millones de sirios al exilio, a miles de subsaharianos a saltar la valla o cruzar el mediterráneo. Y todo por una vida mejor. La misma que nosotros ansiaríamos si el norte fuera el sur.

¿Aun piensas que el problema es sólo de los sirios?

Rita Barberá y el rigor democrático

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Rita Barberá deja el Ayuntamiento de Valencia. Y lo hace para no ser ella quien le ceda la vara de mando a Joan Ribó. Su adiós es el ejemplo de que a los políticos de la vieja guardia viven por y para el sillón. Que se les llena la boca de ‘por Valencia mato’ pero a la hora de la verdad dejan a su electorado tirado, sin defensa en el hemiciclo. Porque Rita debería acordarse de que le han votado más de 100 mil personas, votantes que hoy se quedan huérfanos porque a la ex alcaldesa le da perereza hacer oposición. Vamos, o el sillón o nada. Pero sillón no le va a faltar si las apuestas aciertan en que Barberá suena como ministra o aspira a un retiro espiritual en el Senado, esa cámara que se ha convertido en un cementerio de elefantes, en un homenaje caduco a los que ya no sirven para la primera línea de la batalla. Rita Barberá no quiere la foto cediendo poderes a Ribó, y a eso, aquí (y en cualquier país con libertades) se le llama falta de rigor democrático. ¿Esta es la democracia que tanto defienden? ¿Este es el tipo de régimen constitucional que se iba a desmoronar con la llegada de nuevos partidos? Bueno, pues esas son las reglas democráticas que se ponen en la solapa de la chaqueta pero que, realmente, les provoca urticaria en la piel.

¿Quien le hace la campaña a Podemos?

Desayuno cada día con la radio de fondo. Ya no recuerdo el día en que no me atraganto con una noticia podrida de corrupción. Ya sólo el fútbol salva esto…y no pongo la mano en el fuego.

Pensaba que este lunes iba a ser el de los abrazos, las sonrisas y los buenos deseos: Se cumplían los 21 días de cuarentena de los pacientes sospechosos de ébola, que uno a uno iban a salir por la puerta atrancada del Carlos III. Por otro lado, conoceríamos si la estructura Pablo Iglesias alicataba los cimientos de Podemos; y por otro…abrazos de madridistas a la llegada a sus centros de trabajo.

Qué iluso pensar que un lunes iba a ser todo menos un lunes. El café con leche se le cortó a Francisco Granados y a otros 50 detenidos por la Operación Púnica. Alcaldes incluidos. Y a cada golpe de segundero, la expectativa en la redacción era como el de la Lotería de Navidad, esperando a saber qué alcalde caía de nuevo como si fuera el Segundo premio del sorteo. A Valencia le tREFORMA DE LA LEY DE CAJASocó un quinto (si seguimos con el símil) con dos empresarios respirando a través de su chaqueta mientras la Guardia Civil los conducía derechos al trullo entre regates a los periodistas.

Ya no me atrevo a decir si esta es la gota que colma el vaso. Porque en estos asuntos el mío rebosó hace ya tiempo. También el de muchos españoles. Pero corren tiempos de memorias efímeras con el peligro constante de que se seque el charco que hay debajo de cada vaso.

La memoria es corta cuando queremos taparnos los ojos con nuestras propias lágrimas de indignación. Pero no os preocupéis, que andamos con superávit de hemeroteca aunque, eso sí, con déficit de perdón.

No voy a enumerar los nombres de casos de corrupción que nos han salpicado, qué digo salpicado, empapado, en los últimos años. Casos maridados con un toque de poca vergüenza en la forma de reírse de los ciudadanos. Con un discurso distante, de teles de plasma y letras escritas con remates que salen con punto de mira de la boca de quienes las compra a sus asesores.

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Son tiempos en que los ladrones visten traje de Armani, huelen a perfume dulzón y conocen Laussane o Zúrich mejor que nadie. Tiempos en los que gastan a ritmo de tarjetas que no existen, y si no existen esas tarjetas, imaginad las cajas B. Tampoco nadie sabe nada de ellas. En fin, tiempos en los que a muchos se les llena la boca de regeneración sin haberla consultado en el diccionario. Tiempos en los que los discursos ya no se entienden ni con viñetas.

Es en ese contexto donde Podemos ha hurgado en la herida. Sin pasado ni hipotecas. Con un tono directo que otros no se atreven a usar porque hieren la sensibilidad de los oligopolios y dejando que el sistema se pudra por sí mismo. La campaña de Pablo Iglesias ha sido la campaña de la autodestrucción de la vanidad. Tantos que han muerto de éxito, educados en la cultura de la avaricia y la falta de humanidad, porque hay que tener pocos escrúpulos para enriquecerse a base de padres que buscan puentes bajo los que cobijarse.

A Podemos la campaña se la han hecho otros. Y aun se preguntan el por qué. Y mientras los de siempre se lo siguen preguntando, la formación de Pablo Iglesias sigue sumando apoyos, como una tortuga que paso a paso adelanta a la liebre dormida bajo el árbol. Solo que esa liebre está atrofiada de apenas moverse.

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Hoy podemos criticar quien es Pablo Iglesias. Si será capaz de gobernar o será una excelente oposición. Si llegará a ser casta. Si se moderará hasta el centro o acabará con el PSOE. Se pueden discutir muchas cosas. Pero mientras se discuten hay otro agente de Policía leyendo los derechos a un político y Pablo Iglesias llenando la sala de su concierto.

Lo que no se puede discutir es que a Podemos la campaña se la está haciendo cada uno de los que cruzan las rejas de la celda.

Allí, con el carcelero, el desayuno ya no se les corta.

TONI RAMOS

La segunda Transición

Se abre un nuevo tiempo en nuestro país. Tiempo de cambio, de esperanza. Tiempo de democracia, de recuperación de derechos, de soberanía social…un tiempo de sueños al fin y al cabo.

Todo se ha precipitado en las últimas semanas. Algunos de nosotros asistiremos a un momento histórico, dejando de lado si a cada cual le gusta o no la coronación de Felipe VI. Un momento que ha hecho reflexionar a las generaciones que han nacido en el seno de la democracia. Tal vez esta coronación no estaría cuestionada de no ser por los tiempos en los que vivimos: con una crisis galopante que se ha llevado por delante los débiles sueños de una parte de nuestra sociedad; con un declive de la honestidad encarnada en la cara amarga de algunos políticos que han aprovechado 30 años de impunidad para dilapidar el sistema y construir cuentas corrientes; con la dictadura económica y las colas en los comedores sociales… La calle pide un cambio, y tal vez ese cambio se exprese en cromos. El cambio de Juan Carlos I por Felipe VI sólo supone para muchos la continuidad del sistema, y ya hemos visto que el modelo, próspero durante años, ha muerto de éxito y empieza a oler mal.

Vaya por delante que, a mi entender, la solución no pasa por descabezar la actual jefatura del Estado, es decir, que los males del país no están precisamente en la monarquía, pero con la abdicación deberíamos plantear un nuevo estatus de Rey. Definir mejor su papel dentro de nuestra maloliente democracia, que su imagen no sea sólo la de un viajero empedernido a cuenta del erario público ni un representante sin más de los empresarios. Que su papel sea el de valedor del sistema, un hombre con parámetros definidos capaz de liderar un país en momentos críticos, un estadista. Juan Carlos I lideró hábilmente la Transición pero, a mi juicio, ha sido incapaz de velar por los intereses sociales en una época de crisis, corrupción, Imagenderroche, recortes y falta de transparencia política.

El otro frente que trae aire fresco llega de las últimas elecciones europeas. ‘Podemos’ ha sido como el resquicio abierto de una ventana cuando la habitación huele a cerrado. Es la flor en el desierto, la esperanza de que el sistema se puede cambiar desde el sistema. La cuestión aquí no es si Pablo Iglesias es el nuevo mesías y su partido una religión. Podemos estar más de acuerdo o no con su programa, lo que es innegable es que la calle ha hablado y que la calle quiere hacerse poco a poco con las riendas de una soberanía que ha perdido en las últimas tres décadas.

‘Podemos’ es el hijo nacido al calor de la reflexión del 15M, de los desahucios, de los recortes sanitarios insultantes, del derroche vergonzoso de las administraciones y administradores públicos, del rescate bancario, del abandono a las personas, del paro, de los niños desnutridos, de las mentiras, de las ruedas de prensa en plasma, de los discursos diferidos, de una oposición aburguesada, de diputados a la carrera de las vacaciones, de imputados cobrando sueldos y sobresueldos, de ayuntamientos caciquiles, de la marea blanca o verde, de la subida de impuestos y de la luz, de las puertas giratorias, de contabilidades B, de Preferentes con gobiernos silbando canciones, de directores de periódico decapitados, de comilonas en el Olimpo y comedores poblados…y tantas cosas. ¿De verdad un país puede vivir mucho tiempo aguantando algunas de estas cosas?

En España no sólo se ha hecho, sino que se ha blindado a los malos gestores con aforamientos. Es decir, hay dos clases de justicias, la ciega y la que mira por un ojo. Y en este caso la que no ve es la que envía al patíbulo sólo a los humildes.

Acabar con este sistema enmohecido depende de nosotros mismos. Abrir nuevas ventanas de debate, de que no quede en el olvido 7 años de ultrajes, de que es posible recuperar el poder social, la soberanía de un país adueñada por insensibles que dicen ser defensores del pueblo. Es hora de que cambien las cosas, es hora de una segunda Transición.

Una segunda Transición que devuelva al pueblo el valor de gobernarse por sí mismo, donde la transparencia sea el motor de las administraciones. Es hora de una educación de calidad que promueva ciudadanos críticos, de una sanidad potente y universal, de que los científicos no crucen la frontera de salida, de hacer posible el artículo 47 de la Constitución, de rendir cuentas a la justicia ciega, de consenso político, de limitaciones de sueldo y de mandato, de que la Luz no sea un bien de lujo… Es hora de que el discurso de los partidos anquilosadoImagens en el pasado cambie. Es hora de una regeneración dentro de sus filas y de una refundación de sus bases. Es hora de acabar con las hipotecas y los favores devueltos entre ‘amiguitos del alma’. Es hora de honrar la palabra CIUDADANO

Los dos grandes partidos empiezan a cuestionar su modelo. Atrasado, caducado, de conversaciones secretas de despacho, de reuniones clandestinas, conspiraciones, avaricia, manos que aceptan maletines y/o sobres con iniciales. Un modelo paternalista del “yo mando y el pueblo obedece” o “yo decido por ley lo que está bien o mal”. No, el modelo tiene que cambiar o el pueblo les cambiará a ellos. Es verdad que todavía hay generaciones fieles a los clásicos partidos políticos, votos seguros, pero llegan por detrás adolescentes con aires de castigador en las urnas. Por tanto, o se adaptan a lo que pide la sociedad o estarán abocados al fracaso y ahora, la sociedad pide DEMOCRACIA en palabras mayúsculas y tener asegurada una comida al día.

Tal vez ‘Podemos’ no llegue a gobernar a corto y medio plazo, tal vez sea el sueño de una noche de verano, o tal vez sea el agujero de gusano por donde el pueblo se cuele de verdad en el Congreso de los Diputados.

La sociedad está pidiendo a gritos un cambio, lo malo es que algunos de sus representantes prefieren ponerse la venda que le han quitado a la justicia. Tal vez sus prioridades sean la palmadita en la espalda o un puesto en un Consejo de Administración.

La segunda Transición no sólo es posible, sino necesaria

El valor de arrodillarse ante el pueblo

Después de aquel 23F le preguntaron a Adolfo Suarez por qué sequedó erguido en su escaño. Él contestó: “Porque soy el presidente del Gobierno”. No se arrodilló ante una ametralladora, ni claudicó ante los militares. Tan sólo lo hizo ante los ciudadanos cuando pensó que podía ser un estorbo para la democracia. “La democracia no puede ser un paréntesis en la Historia de España”, esa fue su frase antes de dimitir, esa fue su responsabilidad política, esa fue la forma más honrada de anteponer la sociedad española por encima de su ego.

                Tal vez el único cImagenonsuelo para la memoria de Suárez haya sido no haber vivido los últimos 11 años de democracia. El Alzheimer borró la historia de su memoria. Fue su particular incendio de la biblioteca de Alejandría. Pero tal vez ese mal evitó que enfermara de tristeza al comprobar cómo se ha dilapidado su legado.

                Me pregunto qué habría pensado Adolfo Suárez de los casos de corrupción, del enriquecimiento ilícito de políticos, de la estafa bancaria, de los recortes en sanidad, educación y de la pérdida de derechos sociales. Cómo se habría sentido al comprobar que su democracia, su hija predilecta, su mayor desafío, se ha prostituido a costa de políticos sin sentido de estado o del poder económico. Él que impulsó los Pactos de la Moncloa para construir un país social y moderno donde cupieran las prestaciones por desempleo, se mejoraran las pensiones o todos los niños, todos, fueran escolarizados. Cómo se habría sentido al ver a agentes de la policía desahuciando a personas, sacando a niños de sus casas, o simplemente ver los comedores sociales llenos de personas que no tienen qué echarse a la boca mientras banqueros, políticos y empresarios se recuestan a comer uvas en su sillón.Imagen

                Suárez nos enseñó otra forma de ser y de actuar. “Por encima de la confrontación, el diálogo”. Su frase resume su talante y las ganas de trabajar en favor de un pueblo. Un pueblo que, más tarde, le dio la espalda a su nombre aunque la Historia le ha devuelto la grandeza a su apellido. Porque son tiempos en los que añoramos una figura como la suya. Son tiempos en los que los hijos de la democracia, como es mi caso, nos quedamos huérfanos del padre. Son tiempos para escuchar a políticos de todos los colores llenarse la boca de halagos después de haber escupido sobre el legado de Adolfo.

                Lo confieso. Su muerte me ha afectado más de lo que pensaba. Quizá por madurez política, quizá por el tiempo en el que vivimos. Se va el creador de la democracia. El hombre que hizo posible que yo pueda escribir este texto y tu leerlo, que nos dio libertad para elegir y gobernarnos y que nos devolvió el poder para elegir nuestro camino. Se han ido las palabras que destruyeron el franquismo anquilosado para abrir un capítulo de progreso. Se ha ido esa mirada paternal que durante tanto tiempo cuidó de nuestro bienestar ahora que la calle pide a gritos otros Adolfos, otros Suarez que nos devuelvan la honestidad perdida en estos 35 años.

               

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 Nuestro padre de la democracia se ha ido porque ya no tenía hueco en una España de egoísmos, de teatralidad política, de codicia en forma de moneda y de lobos hambrientos de separatismo. Se ha ido porque su cabeza ha olvidado lo que fuimos al mismo tiempo que lo han hecho el resto de dirigentes, con la diferencia de que, los que quedan, han olvidado porque ellos lo han elegido. Se ha apagado su corazón porque ya no podía soportar la puñalada de su creación. Él creó un hijo. Pero nunca pensó que fuera un Frankenstein.

 

Adiós Adolfo. En tu memoria

Tonterías políticas

A veces no me queda más remedio que morderme la lengua, mirar para otro lado o simplemente olvidar lo que acabo por leer (cosa que no es difícil, ya lo sabe quien me conoce). Me sorprendo con estas palabras de Juan Cotino, palabras de aviso, claro: “la separación de Cataluña supondrá la posterior creación de los ‘països catalans’” .Y entonces no me quedan más opciones que dos: acojonarme o reírme.

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              La risa es mucho más sana, y visto el chascarrillo y de quien viene, pues oye, sólo me queda pasar un buen rato y añadir a este señor entre los grandes humoristas de este país, que, dicho sea de paso, tiene la gracia en sálvese la parte. Sobre todo cuando se mofa de las víctimas del metro, califica de Herodes a los defensores del aborto (legitimado por la enorme cruz imponente en su butaca presidencial de Les Corts), hace caja a cuenta del dinero público asegurándose contratos millonarios para sus empresas de geriátricos (recordemos que Cotino fue conseller de Bienestar Social…¿qué casualidad, no) o defiende la caza (algo muy ‘pro vida’, si)

                La otra opción es cagarme de miedo. Pensar que vamos a sufrir una invasión catalana al estilo ‘La guerra de los mundos’, o que el ejército comandado por Artur Más, al estilo Julio César, se va a pasear por los territorios valencianos de norte a sur como hicieran las tropas de Escipion o quizá que se avecina una cruzada para recuperar tierra santa. Esto me hace recordar la expulsión de los moriscos (que en esta ocasión seríamos los valencianos) o peor aún, cómo los cristianos pasaron a cuchillo a los árabes en la reconquista de la península. Ni derecho internacional ni leches. Valencianos, pónganse la navaja entre los dientes porque llega el invasor, levanten barricadas, destruyan puentes y practiquen una política de tierra quemada por si a los catalanes les da por aprovecharse de nuestros recursos.

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                Era mejor la risa, ¿no?, Ya lo decía yo. Esto es sólo un pequeño ejemplo (llevado al límite por mi parte) de las tonterías que, implícitamente, estamos tragando un día y otro también. Este es el ejemplo que dan los que nos gobiernan. Y habrá quien se lo crea, que piense que los catalanes nos quieren dominar, adueñarse de nuestra cultura, que nadie defiende lo valenciano excepto el PP. Pues amigo, enhorabuena porque entonces acabas de ser manipulado, engañado y, lo que es peor, utilizado mientras tu querido dirigente se ríe de ti en su sillón de casa.

                ¿Y ahora qué hacemos? ¿seguimos tragando con esta gente? No amigo. Si la vida es cuestión de prioridades más vale que una de ellas sea que formes tu propia opinión y seas crítico con todas las demás. Sólo así serás libre de tonterías como las de Cotino.

Entre todos mataron Canal 9

Entre todos la mataron. Sí, entre todos. Seamos honestos. Aquí hay muchos responsables. Quizá cada uno tenga una parte más importante del pastel, pero la televisión valenciana no ha muerto de un día para otro.

Hubo un momento en el que empezó a enfermar. Terminaba la década de los 90 y nos encontramos con un programa que sería la “universidad”, como dicen aquellos que participaron. ¿Os acordáis de Tómbola? Ese programa en el que todo valía y que dio origen al resto de secciones/programas de corazón que conocemos. A partir de ahí se fomentó otra programación. Llegaron María Abradelo, Mar Saura, son también los años del “Tela Marinera” con Eduard Forés al frente (no hace falta recordar cómo terminó este señor). ImagenSon los años en los que los presentadores de la televisión se paseaban por Valencia como estrellas Hollywood, años de bonanza pagados a golpe de talonario por la Generalitat valenciana. Porque no nos engañemos, gente como Mariñas (Tómbola) llegaba a cobrar 3 millones de pesetas por programa, 7 en el caso del Conde Lequio. Hagamos cálculos.

Es la recta final del gobierno de Zaplana. El molt honorable se hace indispensable en los informativos de la casa. Había que sacarle siempre su perfil bueno. A la oposición ninguno de ellos, porque no salía. O sea, Canal 9 se convierte en la televisión de un partido político. Caso que se acentúa años después con Francisco Camps. Qué se puede esperar de un personaje que ‘mata al padre’. Es precisamente la obsesión de este señor por su antecesor la que provoca una histeria colectiva en los informativos. Se gastaban millones de euros en conexiones en directo para que ‘el president’ saliera desde la otra parte del mundo dando su discurso. Se silenciaba, se vetaba a Zaplana y se ponía en vereda a aquel que osara discutir decisiones.

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Nadie puede cuestionar que se trataba de un ente al servicio de un partido, pero también de intereses propios. Era el cementerio de elefantes, lugar preferido por algunos para un retiro espiritual. Véase el caso de Vicente Sanz. Ex presidente provincial del PP. Llegó de la mano de Zaplana tras un escándalo urbanístico que le costó el puesto y una frase: “estoy en política para forrarme”. Se forró en Canal 9 con su retiro de oro pero, no todo vale, y cayó estrepitosamente denunciado por abusos sexuales. Tres periodistas denunciaron cómo les chantajeó, les humilló y se aprovechó de su situación de poder para realizar todo tipo de vejaciones sexuales.

Y así pasaban los días en una televisión que pagábamos todos. Sueldos escandalosos, otros, los menos, también estaban fuera de mercado, un agujero financiero imposible de soportar, unas audiencias que besaban el suelo pero con un president que sonreía a la cámara. Así era Canal 9. Son años de inflar plantillas para colocar a dedo a cualquier hijo, yerno o nuera de político.

Son años (2001) en los que se celebraron unas oposiciones fraudulentas. Y lo digo con conocimiento de causa. Porque aquel día éramos miles los periodistas que aspirábamos a formar parte de la plantilla, y si no a formar parte, sí a una bolsa de trabajo que nos abriera sus puertas. En los pasillos, en los jardines de la universidad de Cheste corrían las preguntas como la pólvora. A cada pregunta una respuesta. Todo suposiciones, claro, hasta que llegó la hoja del examen y entre decenas de preguntas todas aquellas que habían pasado por delante de nosotros de forma fugaz. ¿Quién sabía todo aquello? ¿Por qué? ¿Qué intenciones fraudulentas había? Ya os imagináis. Pero yo apenas tenía 23 años y unas ganas terribles de creer en la honestidad. Pasaron los días y me llegó esta frase: “Enhorabuena. ¿Por qué?. Porque has aprobado las oposiciones de Canal9, me lo ha dicho un pez gordo”.

Ese pez gordo era un jefe de producción de informativos que me llamó a su despacho. Evidentemente yo me había hecho las ilusiones justas no vaya a ser que…ocurra lo que ocurrió, que mi nombre no estaba en la lista de aprobados. ¿Y cómo es eso? Pensé yo. La respuesta me llegó rápida y directa en aquel despacho. Después de esperar ¡3 horas! a este señor escuche lo siguiente: “Toni, estabas aprobado pero hemos decidido suspenderte ¿Por qué? Porque tenemos que aprobar a los que están dentro para que se queden; y tampoco puedes entrar en la bolsa porque ahí van todos los que estamos rescindiendo contrato”. Mi cara fue una mezcla de estupor, sorpresa y resignación, porque me esperaba algo así y lo peor es que sabíamos que estaba pasando eso y nadie lo denunciaba.

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Ese silencio cómplice. Yo apenas pude hacer nada, no tuve instrumentos. Pero a nadie dentro del ente se le escuchó una palabra más alta que la otra. Durante 15 años trabajadores internos y externos callaron ante el cheque en blanco que era la entidad. Algunos mientras cobraban salarios fuera de mercado, mientras otros se iban de vacaciones a la nieve a cargo de un reportaje para informativos, o montaban fiestas en las habitaciones de hotel con amiguitas que se hacían pasar como ayudantes de producción. Todo esto aderezado con las ganas de trabajar, a veces infames, de algunos que, con tal de irse pronto de su trabajo, permitían que se contratara el servicio de una productora para cubrir un acto porque suponía irse a casa media hora más tarde. Canal9 era un pozo seco, pero mientras el gobierno proporcionara agua… allí todos: ver, oir y callar.

Hoy son los profesionales los que pagan los excesos, los que fueron usados como un instrumento político, hombres y mujeres al servicio del poder, que ahora, son desechados tristemente. Profesionales que se convirtieron en cómplices de la situación. Seamos honestos, el presente es duro pero el pasado también y ahora no se puede silenciar por qué Canal9 fue muriendo poco a poco… porque entre todos la mataron.

¿Cuál fue la prioridad, la televisión o mantener el culo pegado a la silla?

DEMOCRACIA A DEDO

Me llama la atención esta noticia. No porque Blasco haya sido expulsado, que es algo que el PP debería haber resuelto hace tiempo, no por las hipotecas que haya podido tener el partido hacia un personaje imputado como él, ni porque el ‘ex capo’ de Cooperación vaya a cambiar de camisa como ya lo hiciera en su día…(y en su día tambien apartado del PSOE por presunto corrupto).Imagen Me llama la atención la falta de democracia que se atisba en cada uno de los parlamentos españoles.

Pero vayamos por partes. Blasco presumiblemente será expulsado del PP valenciano y con ello del grupo parlamentario. Y no por las declaraciones que hizo en Intereconomía, sino por el tufo de sus actuaciones como conseller. Arrebatarle a Blasco su militancia también conlleva expulsarlo del grupo parlamentario, mandarlo al grupo mixto (porque mantiene su escaño) y dejarlo sin voz ni voto en el parlamento autonómico.

Para algunos esto es una lección a un presunto corrupto, que la es. Yo veo la perversión de un sistema que sólo obedece a la jerarquía, a la disciplina, a no ser disidente con el partido y ni mucho menos con el líder.

Supongamos que no es Blasco. Supongamos que se trata de un tal Sr. López (libre de toda carga judicial, por supuesto). El Sr. López, molesto con su partido decide ser crítico, cuestionar la forma de actuar de su grupo y hasta el liderazgo. Supongamos que un día decide no seguir la disciplina de voto y actuar según su conciencia. Supongamos que sus principios están por encima de los de su líder. Bueno pues a partir de ese momento el Sr. López dejará de ser diputado de su grupo. Pasará al grupo mixto del parlamento autonómico y allí será una comparsa más de la cámara. No tendrá derecho al micrófono, tampoco tendrá derecho al voto, así que su escaño no servirá de nada. Al Sr. López se le aparta. Es como un apestado, y además se harán públicas declaraciones para minar su prestigio, tacharlo de anti demócrata y hasta de tránsfuga cuando lo que ha hecho ha sido actuar según su conciencia.

¿Y qué tiene que ver eso con la democracia? Mucho. En primer lugar, sus votantes quedan apartados automáticamente del parlamento. Y aunque en este país se votan listas cerradas, es posible que el Sr. López sea un político tan reconocido en su pueblo, su comarca o su provincia que se haya ganado el fervor de sus vecinos. Vecinos que ahora ven cómo sus votos quedan en saco roto.

Y en segundo lugar, y mucho más evidente, si no sigues la disciplina de partido eres carne para los leones. ¿Verdad que es curioso como todos los diputados de una formación votan lo mismo? La razón es que hay siempre un portavoz que indica cual es el botón que hay que pulsar. Da igual si te has perdido el debate, si has llegado tarde al asiento o si te has tomado un Gin Tonic (subvencionado) en la cafetería. Cuando estés en tu escaño alguien te dirá lo que tienes que votar y, si no lo haces, te arriesgas a una multa, a un expediente disciplinario o incluso a la expulsión.

Esta es la “democracia” de la que se sienten orgullosos tantos dirigentes en sus intervenciones públicas. La democracia del dedo, de la jerarquía, de la pirámide. Donde arriba están los secretarios generales (PSOE) o los presidentes (PP). Cabezas visibles que, junto a sus secuaces, deciden por sus partidos, grupos parlamentarios, cámaras de diputados o millones de votantes. Dedos que apartan a los críticos, que se encojen ante los corruptos y con los que se decide el destino del dinero de cada español. Dedos que firman leyes abusivas o inmorales. Dedos que estrechan las manos de las castas de un país, que hacen cosquillas a empresarios, altos cargos, banqueros y multinacionales, para luego meterlos en el ojo de cada ciudadano, soberanía ninguneada de un país.

Esta es la democracia del dedo cuya prioridad siempre señala hacia arriba y que cuando lo hace hacia abajo…es para echarse a temblar.